La paradoja del abúlico
Algunos abúlicos añoramos a la Voluntad, nos importa, nos seduce, nos pervierte al punto de que incluso nos hace mover. Los abúlicos somos la guarida de la carencia; la fuga del movimiento; el letargo indiviso; el orador negligente; el grito que expira. Los abúlicos somos el atropello alegórico sobre el movimiento.
Pido el derecho para todos los abúlicos de poder desear voluntad, de fantasear con horizontes pirotécnicos, de ser nerviosamente mediocres, de usurpar el lenguaje para culminar sólo en palabras, de opacar el alba del logro, de galopar a ciegas sobre el hipódromo de los ideales, de ser pálidamente impetuosos y de no-ser nunca . Los abúlicos somos abúlicos pero antes fuimos entes de hambre utópica, antes fuimos el impulso más fecundo, antes fuimos niños quásares, antes incluso fuimos y por esto merecemos respeto.
Hoy, los abúlicos, sólo somos la prisa encallada en la orilla del afán.
Mi Voluntad nació muriendo porque los abúlicos somos falleciendo.
Post Scriptum: Pido insistentemente el derecho de no construir nunca deseando querer hacerlo. De no intentar jamás y de esperar siempre, de quedarse cuando hay que ir. Pido el derecho de ser abúlica ¡libre y consciente!
